Cuando empecé a leer la autobiografía de Miles Davis fue tan absorbente que prácticamente la leí de tirón, no podía parar. Me parecía estar asomándome a una ventana con vistas al pasado y, a pesar de ser consciente de que cada uno narra las cosas como las ve, me pareció un testimonio cargado de verdad, de respeto y amor por el jazz, y de una búsqueda infatigable de la música con mayúsculas.
El lenguaje crudo con el que está escrito es un elemento que aporta veracidad, porque no sólo es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta, cómo se expresa.
Para quien no la haya leído, me parece una lectura apasionante que te sumerge en el punto de vista de una de las figuras más relevantes de la historia del jazz.